ROLLER DERBY: feminidad que intimida.

Barcelona-Roller-Derby

Patinando a grandes velocidades, la estrategia, la rudeza y la belleza se conjugan en este deporte que cada vez tiene más practicantes y seguidores en la Barcelona de la crisis. Dulce resabio apocalíptico…

Slava Satana (666) es grácil y de músculos firmes. Algunas noches previas a las competiciones, ella no solo tiene que calentar su cuerpo para la dura jornada que le espera sino, además, pasar unos cuantos minutos frente al espejo, en un perturbador ritual de guerra que no solo intimida sino que además seduce; a pesar de las protestas de algunas de ellas al respecto, que perciben resquicios de machismo en quienes tienen tiempo para sentirse extrañamente atraídos por su aspecto.

En un día normal, ellas caminan por las calles de Barcelona con sus nombres de pila, María, Clara o Gema, algunas con tatuajes insinuándose en sus torsos o con pendientes de grandes agujeros acompañados de un pirsin. Otras, simplemente, llevan atuendos más habituales, pero cuando se trata de participar en competiciones de roller derby, adquieren nombres de guerra como Sadie Fist, Gata Cegata o Sweet Agony, cargados de ironía y, muchas veces, con alusiones violentas o sexuales.

Ellas son practicantes de este rudo deporte que evoca escenas que hasta el día de hoy parecen futuristas (el roller derby se remonta a los años cuarenta en Estados Unidos, pero es en los años setenta que adquiere esa mezcla de espíritu apocalíptico, punk y disco, que aún no se agota como símbolo transgresor). Una vez ataviadas, vale decir que este grupo de chicas parece sacado de una película a mitad de camino entre la mítica Mad Max y la reactualizada Tron Legacy. Llevan casi 2 años practicando este deporte en Barcelona, y afirman ser las primeras, luego de que apareciera un anuncio en Internet a fines de 2010, donde una tal Diana, ahora desaparecida de la escena, convocaba a chicas con quienes practicar.

El deporte en sí mismo guarda muchas semejanzas con el fútbol americano, donde el objetivo es que un jugador logre transportar la pelota hacia territorio enemigo, sorteando los embistes del equipo contrario. Sin embargo, una de las tantas diferencias del roller derby con este deporte empieza con el ritual estético, pues mientras las vestimentas y demás parafernalia del fútbol americano pretenden intimidar al enemigo resaltando la masculinidad, en el roller derby se ejecuta una interesante vuelta de tuerca, pues se busca intimidar no acentuando la ‘hombría’ sino la ‘feminidad’ mediante prendas, peinados y maquillajes afines al imaginario que se asocia con la construcción cultural que en occidente se entiende como femenino. He ahí la perturbación.

Los leggins, medias de rejillas, shorts ajustados, minifaldas y tops no difieren mucho del vestuario que se podría encontrar en un bar rockabilly o pin-up en horarios nocturnos. Sin embargo, preguntarles por ello puede causar cierta incomodidad en algunas. “En cualquier lugar donde pongas mujeres hay una carga sexual, porque así es esta sociedad. Vamos con medias para estar más cómodas. Los jugadores de waterpolo llevan calzoncillos nomás y nadie les pregunta si hay carga sexual. El tema de si es sexual o no me parece un poco lo fácil. Que sea lo primero que te preguntes está un poco fuera de lugar. Si yo entrevistara a un ciclista no le preguntaría por qué te depilas las piernas si eres un tío. Hay cosas que son así porque son así, y que no tienen más lecturas”, dice Mia, haciendo honor a su nombre de guerra, Violent Femme 24/7. Por su parte, Maggie Love (Alba), es más conciliadora: “Queremos que esto se tome como un deporte, pero no dejamos de ser chicas y femeninas… pero nada más”.

No pocas veces su aspecto ha generado controversia, pues ellas mismas cuentan que, a veces, el público solo está pendiente del momento en que van a empezar “los golpes y el show”, sin percatarse de lo deportivo. “¿Cuándo os vais a desnudar?”, les han llegado a comentar quienes, por unos pocos euros, pueden asistir a sus encuentros que, más que negocio lucrativo, funcionan como uno de los tantos rituales que permiten escapar, aunque sea momentáneamente, de los duros tiempos que corren en Europa en general (tanto desde las graderías como desde las pistas).

Grandes referentes de este deporte, como la californiana Bonnie D. Stroir (D. Stroir  por “destroyer” en inglés; “destructora” en castellano) y la londinense Kamikaze Kitten, son cultoras de esta arraigada estética, algo que aún influye en todas las aspirantes y profesionales del roller derby, donde el Team U.S.A. es algo así como el Barça para el fútbol. Violent Femme 24/7 afirma que el roller derby cada vez se pone más serio, y que, inclusive, los nombres de guerra se están volviendo obsoletos, sobre todo en los niveles más altos. “Esa parte teatralizada gusta, pero cansa que siempre pregunten por ello. Lo que cuenta en la pista es tu habilidad patinando, pero si una quiere ponerse pantalón de chándal, no pasa nada”. Lo que sí está claro, explican, es que se debe ser guerrera para gustar de este deporte, y que por eso hay una mística compartida entre ellas, más allá de la estética femenina-agresiva que llevan sobre la pista.

Es con esta atmósfera, por un lado deportiva, y a la vez muy estética, que empiezan a girar en una pista de patinaje ovalada cada vez que inician un juego. A simple vista, puede parecer que solo hay una marea de empujones y de obstrucciones, pero en realidad hay mucho de inteligencia, estrategia y técnica. Las lesiones ocurren como en cualquier otro deporte de contacto, y por ello hay que saber esquivar o, en muchos casos, caer haciendo buen uso de rodilleras, coderas, muñequeras, cascos y protectores dentales (como en el boxeo).

La técnica de cada participante, la mayoría de veces, está en función de su físico: las más menudas juegan con su agilidad y el equilibrio de sus oponentes; las más robustas, imponiendo su fuerza para desestabilizar o proteger. Como espectador es común percibir que el ‘mal rollo’ que entre hombres supone el uso de la agresividad (así sea por una cuestión estrictamente deportiva) no es algo imperante en ellas.

Sus frías sonrisas mientras ejecutan violentos movimientos causan perplejidad. Y ellas que en ese momento son muy ajenas, presumiblemente, a las lecturas que puedan generarse, se baten midiendo fuerzas, habilidades y buscando ganar; ser las mejores. Definitivamente, el roller derby tiene espíritu deportivo, pero, ya sea por prejuicios del público o la misma esencia de esta disciplina, también contiene aquella dosis de espectacularidad que muchos deportes han ido perdiendo en su mal entendida evolución a la ‘profesionalidad’. Felizmente, eso aún no sucede con el roller derby, y por ello es una experiencia que bien vale la pena disfrutar. Y con la dosis de agresividad y espectacularidad necesaria para hacer contrapeso a las malas noticias que, como heraldos de la muerte, recorren el espectro mediático europeo.

Texto: Francisco Estrada C.

Fotos: Andy Ríos J.

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